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Me acuerdo de lo sencillo que era recordar sin forzar el recuerdo, de lo natural que parecían las asociaciones de instantes con lugares, sonidos y olores. Recuerdo cuando mi memoria todavía no estaba cansada, no amanecía ya oxidada, cuando no se movía aún con torpes movimientos, cuando podía recordar nítidamente aquellos momentos que después desearía repasar una y otra vez.